abril 3, 2026
Maritxu Guller

Maritxu Guller

María Erlanz, conocida como Maritxu Guller y apodada La Bruja Buena de Ulia, fue una de las personas más carismáticas de Donosti desde la década de los setenta. Vidente y tarotista de manera altruista, practicó la parapsicología y las dotes adivinatorias desde su más tierna infancia. Una mujer vasca de gustos sencillos, y bautizada con una profunda sabiduría y una vibrante personalidad que transmitía energía positiva a las personas que la rodeaban.

Hija de un comerciante y una profesora, nació en el año 1912, sin conocerse su fecha exacta de nacimiento en Isaba, una pequeña localidad situada en el valle de El Roncal, en tierras navarras. Un lugar donde la creencia común que las mujeres eran capaces de echar males de ojo o dañar cosechas gracias a los pactos con el Maligno seguía presente a través de los siglos, siendo ella una de las últimas manifestaciones del mundo de las brujas (Sorginak) que pobló la tradición vasca.

Según sus propios relatos, Maritxu tuvo su primera percepción extrasensorial con apenas cinco años. En el colegio, sin saber leer ni escribir, adivinaba los problemas matemáticos que estaban escritos en el encerado de su aula. Ejercicios de aritmética destinados a niños más mayores que Maritxu descifraba sin saber el cómo ni el por qué, comentando los resultados con el resto de presentes. Nadie se explicaba cómo podía saberlo.

A partir de este suceso, comenzó a mostrar una extraordinaria capacidad sensitiva y premonitoria que asombraba a todo aquel que pudiera comprobarlo. Contaba que vivía en un mundo de colores,  rodeada de Naturaleza, la cual consideraba una inmensa aula de árboles, flores, aves e insectos, de la cual se alimentaba material y emocionalmente. También tenía sueños que posteriormente veía cumplirse inexplicablemente.

Antes de cumplir los diez años, comenzó a percibir las auras o halos que rodean el cuerpo de las personas. En un principio creía que eran transparentes, pero luego las clasificó en colores, principalmente en blancos y negros, alegando que su extraordinaria vista extrasensorial le permitía captarlas. Décadas más tarde, lo justificaba de la manera siguiente:

“Desde muy joven tomé en serio todas las manifestaciones de la mente inconsciente. No tuve miedo. Crecí impregnada en percepciones extrasensoriales, desde auras, olfato agudo, hiperestesia,  clarividencia, telepatía, captación a distancia y sueños premonitorios. He visto cosas que para mí no son normales. He pensado que las tienen todos los demás y que lo ignoran. Yo me dí cuenta y las cultivé. Por el olor puedo percibo a las mujeres embarazadas, en un hedor característico. Y a los precancerosos, igual. También los terremotos, he captado muchos viviendo en el campo. Puede que estos fenómenos sean debidos a la agudeza de los sentidos.”

Una vez acabadas las enseñanzas primarias, estudió Magisterio como marcaba la tradición familiar, y desempeñó funciones docentes en la localidad de Irañeta durante la Guerra Civil Española. En esos años de conflicto, concretamente el 7 de octubre de 1938, contrae matrimonio con Giovanni Guller, ciudadano suizo afincado en España que ejercía de mecenas y crítico musical, además de comandar el popular y centenario Café Suizo de la Plaza del Castillo, en la ciudad de Pamplona. Un hombre culto y sumergido en el mundo de la parapsicología que, además de otorgarle a Maritxu la nacionalidad suiza y el apellido por el que sería conocida en el mundo esotérico, la empujó a entrenar sus cualidades extrasensoriales, induciéndola en el mundo de las seudociencias al apreciar sus dotes adivinatorias.

Con él, y gracias a sus traducciones del alemán, Maritxu ampliaría sus conocimientos con la lectura de tratados de grafología, quiromancia, nociones de psicoanálisis y esoterismo en general que se encontraban en este idioma. Gracias a su holgado poder económico y la prosperidad de su negocio, pudo estudiar parapsicología en París y realizar diversos viajes al extranjero, fomentando un don que para Maritxu era puramente instintivo y rural. Lo recordaba así:

“Mi marido, en vez de decir “Pues eso no es verdad”, en relación a mi telepatía y mi clarividencia, decidió que había que desarrollarlo. Me suscribió a grafología e hice radiestesia. Gracias a él, he tenido muy buenos maestros”.

Fue en aquella Plaza del Castillo, en el tercer piso del Café Suizo, donde Maritxu inició la sistematización y cómputo de sus prodigios, vivencias y videncias. Se asoció con diversas personas del ámbito parapsicológico y le traían libros para seguir cultivando sus facultades. Decía que lo leía todo porque quería saber qué había, pero que no aprendió nada.

Durante este período, ejerció sus dones auxiliando a las personas afectadas por los desastres de la guerra, practicando la premonición y la quiromancia, en unión con la cartomancia.

“Durante la posguerra comencé a interesarme en la investigación parapsicológica. Siempre me ha gustado investigar sobre el ser humano. Ayudaba sobretodo a las personas que estaban hundidas o desoladas. A las viudas o madres que habían perdido maridos o hijos en la guerra. Acudían a mí y me satisfacía mucho lo que podía hacer por esas personas.”

Por desafortunadas circunstancias, Maritxu y su marido tuvieron que vender su preciado Café Suizo en 1952, siendo convertido en la sede del Banco de Bilbao. Con el deseo de comenzar una nueva etapa en otro lugar, la pareja se trasladó a la ciudad de San Sebastíán, en el País Vasco. Allí, y por mediación de Don Narciso Elósegui, conocieron el monte Ulía y el caserío que lo coronaba, propiedad de los Jesuitas y usado como granja. Un lugar con incomparables vistas desde su cumbre que los enamoró, adquiriendo la finca inmediatamente.

Con mucha reforma, convirtieron la antigua granja en un acogedor refugio de montaña y lo llamaron “Bernina”, como el monte alpino que domina el Poschiavo, pueblo de origen de Giovanni. Con el paso de los años, fue tomando aspecto de camping y merendero, por el cual pasaron miles de personas de todo el mundo y se realizaron actividades de todo tipo, incluidas exposiciones pictóricas de conocidos artistas vascos, aunque el atractivo principal del lugar siempre fue la propia Maritxu, cuya fama se iba expandiendo para leer las manos de los visitantes o ayudarles con los problemas que llevaban consigo. Por el Bernina pasaron desde los más insignificantes veraneantes hasta altos cargos de la sociedad portados en coches oficiales, todos con una misma finalidad: Contactar con la Bruja buena de Ulía. J.J. Benítez escribió sobre este aspecto en 1986:

“Maritxu se ha convertido en ángel guardían de muchos y muy destacados personajes de la vida pública… Y menos pública. Quedé maravillado cuando, de pronto, con esa espontaneidad que le caracteriza, y que torna lo más duro en dulce, me reveló que ‘vela por la seguridad del Rey antes que emprenda cualquier viaje, extendiendo sus grimorios para ver y sentir si hay o no peligro’.”

También se comenta que Jordi Pujol, Presidente de la Generalitat de Cataluña entre 1980 y 2003, contó con la sabiduría de Maritxu en toda su legislatura. Como una Primera Dama en la sombra.

Desfortunadamente, Giovanni Guller fallece en 1957 por una enfermedad, siendo su muerte predecida por la propia Maritxu. Desde entonces, recibiría el reconocimiento de las gentes que pasaban por el Bernina y se convertiría popularmente en la “Bruja buena de Ulía”, título que a ella no le hacía demasiada gracia por no creerse superior a los demás, pero que le otorgó fama en todas las condiciones sociales e intelectuales de la sociedad.

Sobre la muerte, ella definía sus premoniciones como personas pétreas.

“Es cuando se quedan como estatuas. A través de la ropa veo huellas de heridas. Te contaré un caso. Al lado del Suizo había un salón de belleza, y una amiga de mi marido, Julieta, iba mucho allí. Cuando Giovanni estaba enfermo, Julieta subió a verle con una mujer francesa; Es a lo que vamos de la estatua. Preguntó qué tal Giovanni. Está mal, contesté. Estaba muy grave. En aquel momento la francesa se apartó un poco y le dije a Julieta “Pétrea está ella. Se morirá antes que mi marido”. Se murió la francesa a los ocho días”.

Tras años de desinteresado servicio, Maritxu abandonaría la gerencia del Bernina en 1972 por cuestiones de seguridad junto a su hermana, trasladándose ambas a un piso en la Avenida Ategorrieta, en el centro de San Sebastián, para trabajar los conocimientos que había ido acumulando en sus años de ejercicio de la clarividencia en lo alto del monte Ulía, a la vez que atendía a todo aquel que tocara el interfono de su casa para solicitar su ayuda, ya que no tenía teléfono en casa por una cuestión de privacidad.

Es en esta época cuando crea tres barajas del Tarot, para ella una obra maestra de la imaginación humana, fabricadas por la conocida casa de naipes Fournier.

  • El Gran Tarot Esotérico, en 1976, con dibujos de Luis Peña Longa.
  • El Tarot Mítico Vasco, en 1982, con ilustraciones de Ángel Elvira.
  • El Tarot de Euskal Herria, en 1991, dibujado por Alfredo Fermín Cemillán, basándose en la naturaleza de su tierra natal, fusionando elementos de la era industrial con elementos tradicionales.

En el primero, descargable gratuitamente en Internet, Maritxu dejó una carta para sus lectores, escrita de su puño y letra e impresa como tal, que decía así:

“A todos los maestros que guiarán a los hombres hacia el camino de la verdad.
Mi finalidad al ofrecer este «Tarot Esotérico» no es fomentar la superstición, sino al contrario, contribuir a desterrarla quitándole su aspecto misterioso al divulgar y popularizar una de las «mancias» de la que se sirve. Mi propósito es complementariamente, contribuir a desarrollar el espíritu de observación, de captación, de penetración en los hechos extrasensoriales para que cuantas personas estén dotadas de facultades, adecuadas para ello puedan ayudar con su práctica a la moderna ciencia parapsicológica.”

Para el tercero, el más especial a nivel emocional, escribió esta breve dedicatoria:

“A todas las mujeres, para que interpreten sabiamente el Tarot. Las cartas ofrecen la oportunidad de utilizar nuestras actitudes conscientes e inconscientes con el fin de facilitar un modo de considerar la vida en el presente y las posibles extensiones y direcciones que existan en el futuro. Es agradable saber que existen nuevas fronteras interiores, tal como existe el espacio exterior, por conquistar.”

Para ella, la creación de estas barajas servía para poner en manos de todos una llave con la que poder abrir la puerta que da al Misterio, o por lo menos con la que entornar la ventana que da al ancho campo de la ilusión. De ellas derivaron más de 36000 grimorios, unas fórmulas que podían tener carácter mágico, matemático, intuitivo, secreto o lógico con la finalidad de ver el futuro. Los patentó en Suiza, el país de su difunto marido.

“El grimorio es el resumen de la simbología mágica. No puede traducirse al lenguaje corriente este simbolismo porque los brujos y los adivinos manejan fuerzas espirituales irracionales. Tengo unas 36000 claves que equivalen a 16 leyes generales. Están inscritas en la armonía universal, con lo que se puede adivinar el desarrollo de un trabajo a distancia. Llevo treinta y ocho años enriqueciendo este estudio, aunque no lo hago de forma continua”.

“Cuando una situación, frontón, examen académico, fútbol, lo que sea, por la complejidad de su estructura aparente y de su evolución visible no puede dominarse, hay que construir una teoría de esa situación para ver el resultado. Imaginar un modelo para pasar de lo concreto a lo abstracto. Estamos en el maravilloso campo de la imaginación: Hay que crear y el símbolo, esa pulsión vital, cumple la función del sustituto y da la solución a cuestiones que permanecen en suspenso en el inconsciente, tanto en nuestro colectivo como en el cósmico. Una vez realizados, no valen para otro; cada uno tiene que hacer los suyos y los ha de manejar. Situarse en un estado especial para obtener resultados. Por eso hay tantos.”

Maritxu se declaraba profundamente realista y rechazaba la superstición en sus experiencias extrasensoriales. Aunque coqueteara con el esoterismo, la parapsicología y el tarot, buscaba siempre una explicación racional, intentando dar un aspecto terrenal a todo nuestro mundo. No creía en la existencia de extraterrestres ni de fantasmas, señalándolos como una fantasía, un producto de la imaginación popular que desea crear símbolos para justificar su fe. Aún así, respetaba las creencias de los demás porque creía que habían cosas que no se podían explicar en su presente, englobándolas en un estado transitorio dentro de su percepción extrasensorial, y que algún día serían resueltas con el análisis concienzudo del mundo y la agudeza mental del ser humano, al ser ciencias que aún no conocemos.

Dentro de su escepticismo, llegó a declarar que el tarot se había prostituido por estafadores que solamente iban detrás del dinero. Le exasperaba el empeño de las personas por pagar su labor, alegando que confundían a la filósofa con la echadora de naipes a tanto el minuto. Declinaba constantemente invitaciones a conferencias y congresos, pues ella no vivía de su don, sino de sus diversos negocios. En una entrevista al periódico de Bilbao, le dijo directamente a la periodista:

“Nunca vayas a echadoras de cartas. Sólo te dirán lo que quieres oír. Si quieres saber el significado del tarot, apréndelo tú. Las cartas ofrecen la oportunidad de utilizar nuestras actitudes conscientes e inconscientes con el fin de facilitar un modo de considerar a vida en el presente y las posibles extensiones y direcciones que existen en el futuro. Es agradable saber que existen nuevas fronteras interiores, tal como existe el espacio exterior por conquistar. Estas fronteras las puedes encontrar. No vayas a que las encuentren por ti.”

“En su propio nombre, el adivino lleva una alusión a la divinidad o al plano de la conciencia, donde el conocimiento reconoce su finidad, la precariedad de sus certezas. El adivino debe ser un atleta de la imaginación, un equilibrista de los límites entre lo conocido y lo conjetural, un ejecutante que verbalice intuiciones y llegue a la comunicación solamente por los desgarros, fragmentos, porque su música no pertenece a las formas, sino a la virtualidad. Debe rechazar todo mecanismo mántico. Hay pocos echadores de cartas que estén dotados de divinidad, sólo buscan sacar el dinero a los incautos”.

Como a ella misma le gustaba decir, sus habilidades nunca se habían encauzado hacia el Mal. Siempre estaba al lado de la cara luminosa de la Magia, la que siembra esperanza y concordia entre los humanos. Jamás empleó estas facultades con nadie en un sentido negativo; a los que le habían originado algún daño grave “Por alguna canallada, los dejaba cojos.”

También tenía un curioso concepto del Tiempo:

“No existe. Solo está en la imaginación del hombre. Las personas podemos obrar independientemente, no estamos sujetas, ni limitadas por lo que llamamos tiempo. Estos trabajos llamados telepáticos no son importantes. Para mí, valiéndome de los cartones, es lo imprevisto; surge de repente una espontánea premonición y las veo en las combinaciones simbólicas: Desastres en el aire, muertos en el bosque, lo anoto, lo digo, se cumple con presión.

Adivinar las ideas excitadas del inconsciente de una persona es mucho más fácil que las conscientes. El pasado, presente y futuro próximo aparecen mezclados, y a veces es difícil separarlos. El pasado no es la muerte, sabemos que sobrevive con la memoria. Ese fenómeno extraordinario: Si no existiera la memoria, el pasado no existiría tampoco. Un pasado extremadamente próximo puede considerarse casi como presente. Toda emoción intensa del sistema nervioso prolonga su acción; comprobamos que, después de una violenta agitación, el pasado queda como presente.

El tiempo no existe porque se esconde en la eternidad de Dios. Igual que el futuro, ese niño que duerme en las rodillas de los Dioses.”

Maritxu Guller, la Bruja Buena de Ulía, falleció el 4 de abril de 1993, con 81 años. Al igual que veía la muerte en las personas, pudo predecir la suya propia.

“Me voy. Sé que tengo algo dentro. El médico, al fin y al cabo un amigo, me va a mentir, pero veo un cáncer. Disimulo y aparento que me siento fuerte, aunque estoy cansada, terriblemente cansada. No estoy triste. Estoy preparada para irme. He visto lo que hay después, y sé que se está bien”.

A su entierro, sencillo y sin grandes alardes, fueron multitudes de mujeres a rendirle un último homenaje, incluidas las monjas de un convento cercano a su hogar. Hacía valorar a las mujeres como tal, y éstas se lo demostraban con su cariño y afecto. Su hija y sus cuatro nietos conservan su legado y la recuerdan cariñosamente. En el año 2013, el jardín más cercano a su casa de la Avenida Ategorrieta fue bautizado con el nombre de “La Bruja de Ulía” en su nombre.

Fue altamente respetada tanto por los escépticos como por los interesados en lo paranormal, los cuales daban fe de sus facultades extrasensoriales, labrándose buena fama como adivinadora. El famoso escritor J.J. Benítez le dedicó estas palabras:

“Sus aciertos en materia de predicciones se remontan a los primeros confines de su propia vida. Fue sobrecogedora, por ejemplo, su visión del maremoto de Agadir, pocas horas antes que sucediera. En aquellas fechas, la tierra tembló en su corazón antes que en las costas africanas. ¿Y qué decir de la muerte del General Franco? ¿Cómo enumerar los cientos de casos de desaparecidos y secuestrados que particulares o las propias autoridades pusieron sigilosamente en las manos de Maritxu? El mundo, como yo, quedaría boquiabierto si conociera el sinfín de políticos, empresarios y artistas que, antes de dar un solo paso, han mirado a los ojos celestes de Maritxu en busca de una sencilla esperanza.”