El pensamiento mágico
El pensamiento mágico está en nuestro día a día: se encuentra en la cotidianidad de los refranes, las supersticiones, y ya en mayor medida en la Fe y en la creencia de que un ser superior vela por nuestros intereses y nos recompensa o castiga según nuestro comportamiento mundano.

Sólo hay que detenerse un momento a reflexionar sobre la cantidad de circunstancias en las que el pensamiento mágico nos acompaña asiduamente, como un comodín al que acudir cuando el castillo de naipes de nuestro control se desmorona en determinadas circunstancias. ¿O acaso no sería comprensible que el mayor de los ateos hincara rodilla y se derrumbara como un infante lloroso y suplicara a un Dios (el que sea) que salve la vida de un familiar enfermo? Es por eso por lo que estoy convencido de que no debemos cerrarnos en banda y negar el pensamiento mágico; tampoco juzgar a los que sí lo defienden y lo utilizan a diario, ya que no sabemos las circunstancias por las que han llegado a ese punto. Lo que sí creo que deberíamos hacer es comprender que el ser humano siempre va a recurrir a éste tipo de creencias, mitologías, supercherías o dogmas y cuando entendamos que cualquier tipo de persona está rendida a éste tipo de pensar, quizá nos pudiésemos adelantar a unos actos tan ruines como crueles que en ocasiones está tan claro que cometeremos, que asustan.
Como a éstas alturas de la lectura seguro que hay personas que siguen negando con la cabeza y continúan afirmando que como ellos no tienen fe, no creen en la magia, no hacen caso a “cuentos de vieja” y tampoco se dejan embaucar por las antiguas artes místicas están libres del pensamiento mágico y su poder, he decidido poner un simple ejemplo mundano de nuestro día a día en el que pretendo demostrar que incluso el mayor de los escépticos no está libre de caer en sus redes. Insisto que es un ejemplo simple, pero si ahondáis, encontraréis decenas que os identificarían.
Todos hemos visto un partido de futbol y lo hemos disfrutado en mayor o menor medida ¿cierto? Algunos de hecho (entre los que me incluyo) nos gusta gritarle al televisor frases como “tira”, “pasa”, “dásela a ese que está sólo” y cosas similares… Todos somos conscientes de que los jugadores no pueden escucharnos, pero aun así nosotros gritamos y nos desfogamos, ya que desde la comodidad del hogar se ven mucho mejor las zonas estratégicas del campo. Es posible que éstos gritos hacia la TV sean un simple desfogue y la manera más fácil que nos da la vida para gritar o desahogarnos sin parecer bichos raros… hasta ahí de acuerdo, pero ahora os pregunto… ¿Alguna vez habéis visto un partido grabado a sabiendas de que el mismo ya había acabado? Yo sí que lo he hecho en alguna ocasión en la que por agenda no lo pude ver en el momento y os aseguro… ¡Que es una sensación completamente diferente!. La experiencia no es para nada la misma. Cuando yo veo un partido grabado y ya sé el resultado final os aseguro que no le hablo ni le grito a la televisión… No hay nervios, no hay emoción. Mi cabeza ya sabe cómo han quedado los dos equipos, y es por eso que subconscientemente mi cerebro entiende que por mucho que yo grite, anime o me enfade, el resultado final ya ha sido elegido, y por lo tanto no lo hago, cosa que no pasa cuando el partido es en directo. Es una simple muestra que he decidido plasmaros para demostrar que incluso alguien sin creencias religiosas ni espirituales está sometido al pensamiento mágico.
Todo éste preámbulo viene a santo de algo; hace unas semanas (desde que escribo esto) que ocurrió el fatídico terremoto de Turquía, y todos hemos podido ir viendo cada día como las cifras de víctimas mortales iban en aumento. Ha sido una catástrofe sin precedentes, pero también nos han ido llegando noticias positivas en ése infierno. Una de ellas ha sido la denominada “niña milagro”. Un bebé que fue arrancada del cordón umbilical de su madre en mitad de los escombros para salvarla la vida, ya que el resto de su familia estaban muertos en el lugar. Todos los medios se hicieron eco (y es que éste tipo de historias se venden solas) y tanto es así que en cierto momento me encontraba charlando del tema con un buen amigo y éste me dijo con total rotundidad que esa niña ya tenía la vida resuelta. Yo no le rebatí, ya que sabía a la perfección a lo que se refería: las familias ricachonas y burguesas se darían de ostias para adoptar a esa niña y pagarían lo que les pidieran… no podría ser menos, estamos hablando de LA NIÑA MILAGRO.
Hasta ahí más o menos todo normal; Sabemos cómo somos los seres humanos y de lo que somos capaces… pero mi sorpresa llegó a los cinco días, cuando en el mismo noticiero informaban que la “niña milagro” había sufrido CINCO INTENTOS DE SECUESTRO en 48 horas. Incluso en una ciudad devastada por un desastre natural, con más de 40.000 víctimas mortales y una ciudad completa derruida hay gentuza tan mala+ y tan ruin que deciden intentar secuestrar a un bebé que nunca conocerá a su familia de sangre quién sabe si para adoptarla ellos mismos y que les traiga fortuna, o para venderla en el mercado negro y ganar un pastizal (cada una de las opciones más asquerosa que la anterior).
Y esto es lo que os quería contar en ésta ocasión: la importancia de conocernos y saber que el ser humano está ligado al pensamiento mágico ha propiciado que al igual que yo y mi amigo sabíamos que esa niña iba a estar cotizadísima, el personal sanitario Sirio también lo sabían, y por eso doblaron la vigilancia del bebé. Quizá gracias a eso la “niña milagro” aún está sana y salva en el hospital… ¿Por cuánto tiempo? Veremos…
